febrero 24th, 2014

Las preguntas que te haces

 

 

Las preguntas que haces/te haces, condicionan tus acciones y resultados.

Hace no demasiado tiempo concluí un proceso de coaching con un cliente. Entre sus objetivos estaba el recuperar la motivación, motivar a su equipo de trabajo, gestionar mejor el estrés y en definitiva conseguir mejores resultados. Es un emprendedor con varios negocios. Como ocurre en ocasiones en algunos procesos de Coaching el Objetivo fue cambiando, cada vez era más concreto y preciso en cuanto a lo que el cliente realmente quería. Durante el proceso acompañé al cliente desde ese estado de deseo de mejora en estos aspectos hasta que consiguió confianza, recursos, un plan de acción y empezó a conseguir resultados reales de todo esto. Fue un éxito, su éxito. Y esta mañana me llamó para comentarme una experiencia que refleja cómo el coaching tiene unos efectos duraderos y que tienen la capacidad de hacerte la vida más fácil, superarte continuamente y con satisfacción. Le pedí permiso para compartirlo y aprovecho esta entrada para hacerlo.

-De ¡no puedo dormir! a dormir como un niño.  2 preguntas.

“Cómo solía ocurrir, la pasada noche me encontré sin poder dormir, eran cercanas las 12 de la noche. Hasta las 3 de la madrugada le daba vueltas a las cosas que quiero mejorar, los problemas, las tareas pendientes, etc. Me levanté a fumar, hacía frio,…. En ese momento pensé  ¿qué estás haciendo? A estas horas, sin dormir, fumando,…. Entré al lavabo de casa, me miré al espejo y pensé, cambia las preguntas que te estas haciendo… y me pregunté ¿Qué puedes hacer mañana específicamente para solucionar estos temas? Salieron respuestas rápidas y concretas, y luego pensé ¿qué necesito para poder conseguir eso? También obtuve la respuesta, una de las cosas era DESCANSAR! Para poder hacer lo que quería hacer. Me miré al espejo con una sonrisa y me fui de nuevo a la cama. Tardé 5 segundos en dormirme. Hoy a las 12:00 del medio día ya había hecho las cosas que planteé por la noche y ahora me voy al gimnasio!”. Esto fue lo que me dijo por teléfono. Estaba eufórico de ver cómo cambiando las preguntas, el enfoque en definitiva, cambiaba todo. Le había salido de dentro y estaba muy contento.

La anécdota por si sola no sería potente si no supiese lo que había detrás. Hace solo unos meses esta noche habría acabado con él poniéndose a trabajar, a las tres de la mañana, empezando un día cansado, malhumorado,…. Como para motivar al resto! En cambio, se levantó con cuatro cosas claras que debía hacer, descansado, dentro de lo que cabe, pero sobretodo con mucha motivación y transmitiendo esta motivación a las personas con las que trabaja.  Hay otras cosas que no he comentado aquí, como el hecho que ha trabajado la responsabilidad en sus colaboradores y que están todos como el dice  “enchufados”.

Las preguntas que se hizo y que le ayudaron esa noche son las que le han estado ayudando todo este tiempo a mejorar de forma continua y a sentirse satisfecho en el camino. ¿y tu? Cual es tu discurso interno? Qué preguntas te haces cuando las cosas no van bien?  Prueba con estas preguntas y comprueba sus resultados.

Consigue Superación y Satisfacción haciendo las preguntas adecuadas.

Hablando de preguntas y respuestas no recuerdo dónde leí algo que me pareció interesante:  “No hay nada peor que tener la respuesta adecuada para la pregunta equivocada”

 

Mauro Delgado

 

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enero 29th, 2014

Principio 90/10

Estás desayunando con tu familia. Tu hijo/a tira una taza de café y mancha tu camisa. No tienes control sobre lo que acaba de pasar. Maldices, regañas severamente a tu hijo/a por tirarte la taza encima, y rompe a llorar. Después criticas a tu pareja por colocar la taza demasiado cerca del borde de la mesa y comienza una batalla verbal. Tú vociferando vas a cambiarte la camisa. Cuando vuelves encuentras a tu hijo/a llorando no ha desayunado y ha perdido el autobús. Tu pareja irritado/a se marcha y te dice que lleves tú al niño/a al colegio. Conduces con prisa y de forma imprudente, un policía te detiene y te multa. Con 15 minutos de retraso y una multa de tráfico llegas a la escuela, tu hijo/a sale corriendo del coche sin decirte adiós. Después de llegar a la oficina 30 minutos tarde, te das cuenta que se te olvidó el maletín. Tu día empezó terrible. Y parece que se pondrá cada vez peor. Ansias llegar a tu casa. Cuando llegas a tu casa, encuentras un pequeño distanciamiento en tu relación con tu pareja y tu hijo/a.

 

El 10% de lo que ocurre en nuestra vida nos viene dado, el 90% restante lo creamos con nuestras reacciones.

 

El principio 90/10 formulado por Stephen Covey pone de manifiesto nuestra responsabilidad sobre lo que nos ocurre, nuestra responsabilidad sobre nuestros resultados. No tenemos el control sobre todo lo que nos ocurre, pero sólo una pequeña parte de lo que nos ocurre nos viene dado, nosotros somos responsables del resto, nosotros creamos el resto con nuestras acciones y reacciones.

 

A menudo nos sentimos víctimas de nuestras circunstancias y nos mostramos incapaces de responsabilizarnos de estas circunstancias, incapaces de comprender que una buena parte de las mismas son resultado de nuestras reacciones.

 

Tenemos una gran capacidad de influir en nuestro entorno, constantemente estamos determinando nuestro futuro, tomemos consciencia de ello y actuemos en consecuencia.

Javier Ursua Bayona

 

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enero 14th, 2014

¿Quién eres?

Hace ya bastantes años me realizaron esta pregunta. A pesar de que siempre me he considerado una persona con un fuerte grado de introspección y siempre he intentado vivir de manera consciente, la respuesta que surgió de mí en ese momento fue la explicación de mi currículum profesional.

Poco después escuché el cuento de Anthony de Mello que acompaño a continuación:

Una mujer estaba agonizando. De pronto tuvo la sensación que era llevada al cielo y presentada ante el Tribunal.
-¿Quién eres? -dijo una Voz.
-Soy la mujer del alcalde -respondió ella.

-Te he preguntado quién eres, no con quién estás casada.
-Soy la madre de cuatro hijos.

-Te he preguntado quién eres, no cuántos hijos tienes.
-Soy una maestra de escuela.

-Te he preguntado quién eres, no cuál es tu profesión.
Y así sucesivamente. Respondiera lo que respondiera, no aparecía dar una respuesta satisfactoria a la pregunta ¿quién eres?

-Soy una cristiana.
-No he preguntado cuál es tu religión, sino ¿quién eres?

No consiguió pasar el examen y fue enviada nuevamente a la tierra. Cuando se recuperó de su enfermedad, tomó la determinación de averiguar quién era. Y todo fue diferente.

Contestar a esta pregunta requiere de apertura para la introspección y el auto-conocimiento y de coraje para enfrentarnos a nuestra propia respuesta.

Muchas veces creemos definirnos por nuestras acciones, por la dedicación que le damos a nuestro trabajo, por con quién nos relacionamos. Pero si quitamos nuestras relaciones, profesión, hobbies, pertenencias, etc. aún hay algo que nos define, es nuestra esencia. Aquello que nos acompaña hagamos lo que hagamos, vivamos con quién vivamos. Es lo que define nuestro ser y es la parte que nos hace únicos y maravillosos.

A menudo intentamos arreglar nuestros problemas cambiando nuestras relaciones, cambiando de casa o de ciudad, o de trabajo. Estos cambios pueden ser beneficiosos, pero si no van acompañados de un reajuste interno, en nuestra esencia, en aquello que no nos acaba de funcionar bien, ya sea nuestra humildad, nuestra resiliencia, nuestro coraje, nuestra disposición a amar al prójimo, etc… tarde o temprano volverán a surgir los mismos problemas de fondo con diferente forma.

No se trata de qué haces, si no de quién eres.

Olga Villacañas

 

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enero 8th, 2014

la carta a los reyes

 

En la primera semana del año coinciden dos fenómenos:

Por una parte, niños/as y no tan niños/as se afanan en entregar esas cartas en las que explican lo buenos que han sido y los regalos que les gustaría recibir: juguetes, ropa, libros, etc.

Por otra parte, la carta a los reyes se ha convertido en una expresión que significa algo así como ¿qué es todo lo que podrías pedir?. Y en estas fechas, los “ya no tan niños/as” hacemos nuestra particular carta a los reyes que incluye todo lo que le podríamos pedir a este año que empieza.

 

 

A menudo nuestras peticiones son en forma de resultados: quiero ganar mucho dinero, un ascenso, encontrar un trabajo, etc. Me gustaría sugerir que estas peticiones fuesen en forma de recursos, es decir, ¿qué necesitas para ganar mucho dinero, obtener un ascenso o encontrar un trabajo? Y puestos a pedir algunos recursos, ¿cuál es el oro, el incienso y la mirra que podemos pedir a los reyes?.

En mi caso, le pido a los reyes…

Ilusión, para creer que mis deseos son posibles.

Fe, para creer que puedo llegar un poco más allá de lo que parece razonable.

Voluntad, esa fuerza que me ayudará a salir de mi zona de confort, para hacer aquello que me incomoda y que sin embargo, me hace crecer.

Confianza, en mí mismo, en mis capacidades; en aquellos que me acompañan, que comparten mi camino y compartirán mi destino.

Humildad, para aprender de mis errores, de los demás, de las circunstancias.

Tenacidad, perseverancia, resiliencia, para reponerme ante las dificultades que con toda seguridad hallaré en el camino.

Responsabilidad, para tener presente en todo momento que depende de mí, incluso aquello que viene dado, depende de mí cómo lo quiero vivir.

Sentido del humor, para ser capaz de reírme de mí mismo y de mis circunstancias, para recordar que a veces damos demasiada importancia a las cosas, a nuestros deseos, a nosotros mismos.

Si estás leyendo esto ya eres un poco mayor para creer en los reyes, así que permíteme recordar una creencia fundamental de todo coach: “Todos tenemos potencialmente los recursos necesarios para lograr nuestros objetivos”. Es cuestión de encontrarlos en tu interior o activarlos, recuerda que eres completo/a, como una semilla, tienes todo lo necesario para superarte, crecer, y alcanzar la satisfacción, convirtiéndote en un hermoso árbol.

 

Javier Ursua Bayona

 

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diciembre 28th, 2013

JOB=PLAY Superación y Satisfacción de la mano

 

Son muchas las ocasiones en las que oigo a personas quejarse por que es lunes, porque están sin energía, porque el trabajo “es un rollo”, que cambiarían de trabajo mañana si pudiesen, lo que harán cuando se jubilen, pensando a 20, 30, 40 años vista… y vuelta al trabajo.  En esas situaciones veo claro que estas personas no disfrutan de su trabajo. ¿Acaso nos hemos acostumbrado socialmente a oír, leer y ver en otras personas que trabajar es un sinónimo de sufrimiento, de no disfrutar, de una obligación y un coste doloroso para poder vivir? El grado de negatividad asociado a tu trabajo depende mucho en la medida en la que tengas asociados aspectos que están alineados con tus principios y valores o no mientras trabajas. Si te sientes de alguna forma identificado con esta situación es bueno saber que algo se puede hacer, se puede vivir mejor tu experiencia laboral.

Un amigo me comentaba hace ya unos años “yo hice el aeropuerto de Barcelona y la Ronde de Dalt!”. En realidad tenía una maquina excavadora y le subcontrataron para abrir zanjas donde era necesario. Pero que sensación más distinta no?  Me lo imagino levantándose por la mañana pensando “me voy a abrir más zanjas, otra vez!” o “me voy a continuar construyendo la Ronda de Dalt!”. El ejemplo me sirve para evidenciar el efecto que tienen las asociaciones que hacemos sobre nuestro trabajo en nuestra actitud y por ende en cómo vivimos lo que hacemos.  Javier, uno de mis socios utiliza el ejemplo de un trabajador en una cadena de montaje cuyo trabajo consiste en apretar tuercas y lo que el dice es que construye trenes.

Steven Covey dice que una empresa o una persona pueden encontrar seguridad y certeza, al parecer valores muy comunes, de dos formas distintas. En los procedimientos, es decir, en lo que se hace o en los principios y valores.  Los procedimientos van cambiando, pero los valores no. Por eso quiero poner énfasis en los principios y valores. ¿Cuáles son los tuyos? Y de que forma puedes encontrar sentido a lo que haces hoy y descubrir cómo puedes enriquecer aún mas esta experiencia. Puede que ya estés haciendo algo que tiene mucho sentido para ti y no lo estés aprovechando al máximo. No pienses en el porqué de lo que estas haciendo sino en el para qué de lo que vas a hacer. ¿a dónde te lleva? No lo que vas a conseguir sino en la persona que te quieres convertir.

Puedes hacer un ejercicio de detección de valores, los tuyos. Trabajarlos y alinear tu actuación con esos valores. Contáctanos si quieres realizar el ejercicio. Dar un sentido mayor aporta satisfacción a lo que hacemos. Es una forma de hacer verdad el enunciado. Work= Play. Además facilitará que trabajes con el binomio Superación y Satisfacción, indispensable unión para vivir la vida laboral y personal con mayor plenitud.

 

Mauro Delgado

 

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diciembre 10th, 2013

El placer de la autosuperación

Si me paro a pensar en los hitos importantes de mi vida, en los momentos que han marcado la persona que soy, diría que, junto con los instantes de amor profundo y los de alegría inmensa, los momentos de superación ocupan el primer puesto en importancia. Y es curioso que ahora al escribirlo me doy cuenta que estos últimos me han proporcionado siempre una alegría inmensa y un amor profundo hacia mi persona y la vida. Y es que superar las barreras internas que tenemos a realizar una acción, ya sea porque nosotros mismos nos hemos ido creyendo incapaces de llevarla a cabo o porque la cultura y la sociedad en la que vivimos así nos lo ha hecho ver, nos hace saltar a un estadio superior en el que la autoconfianza y la energía para enfrentar los retos se multiplica de manera increíble. ¡En ese momento nos “comeríamos el mundo”!

Personalmente recuerdo dos momentos de superación que me hicieron saltar a un grado de autoconfianza mucho mayor. Uno de ellos suponía para mí un reto, el otro directamente no figuraba entre mis objetivos, porque mi mente no lo había ni llegado a considerar, había prácticamente aceptado que eso era así y punto.

El primero ocurrió hace muchos años. Teníamos una pequeña barca neumática y cuando salíamos a pasear con ella por el mar y nos tirábamos al agua yo siempre requería la ayuda de alguien para volver a subir (no tenía escalerilla). Estaba convencida de que yo sola no podía subir a pulso dentro de la barca. Hasta que un día decidí no darme por vencida. Y después de intentarlo varias veces y luchar contra mi pensamiento “No puedes, pide ayuda” apoyé con fuerza mis brazos e impulsé mis piernas hasta subir todo mi cuerpo a la barca. Desde ahí miré a mi marido y le dije “¡Lo he hecho!”. Ni él ni yo hemos olvidado nunca esa frase. La carga de energía, pasión, satisfacción plena e ilusión era tan fuerte que después de mucho tiempo aún puedo recuperarla sólo pensando en ello.

El segundo ocurrió apenas hace unos meses. Fue el día que nació, Mateo, mi tercer hijo. Había tenido los dos partos anteriores en el mismo hospital y, a pesar de que en el primero hubo ciertas complicaciones, consideraba que habían sido satisfactorios. Esta vez mi ginecólogo, que se había limitado a observar como avanzaba el proceso de dilatación sin intervenir en nada más, me animó a incorporarme para ver cómo asomaba la cabeza de Mateo y en ese momento me dijo “Ahora sácalo tú”. Tardé unas milésimas de segundo en poder procesar que yo era capaz de traer a mi hijo al mundo sin ayuda, sólo mis manos agarrando firmemente al bebé y empujándolo hacia mí. No fue un momento de superación puntual. Este hecho no sólo es uno de los más bonitos de mi vida y me permite saber que podría traer un bebé al mundo yo sola, sino que me ha permitido sentirme más segura y vivir de una manera más plena mi maternidad. Los momentos de superación no son sólo momentos, son puntos de inflexión en nuestra vida que transforman nuestro ser.

Os invito a probar el placer de la superación. ¿En qué situaciones cotidianas te gustaría decir “¡Lo he hecho!?  Por pequeño que pueda parecer el reto, una vez superado, vuestra vida no volverá a ser igual.

 

Olga Villacañas

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noviembre 29th, 2013

aprender del pasado

Confucio dijo: “estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro”. Me gusta pensar que con “pronosticar” se refiere a construir el futuro que quieres y que te permita alcanzar la satisfacción.

El pasado puede ser un poderoso recurso o una poderosa ancla que no nos permite avanzar. Se suele decir que el ser humano es el único animal capaz de tropezar tres veces en la misma piedra, a menudo pienso que es el único animal que es capaz de tropezar sistemáticamente y durante toda su vida en la misma piedra.

Cuando no conseguimos avanzar, cuando la historia se repite una y otra vez, como le sucede al personaje de Bill Murray con el día de la marmota en la película “Atrapado en el tiempo” (1993), quizá deberíamos aprender algo del pasado.

Me gustaría compartir algunas pistas que nos permitan aprender a aprender del pasado de modo que podamos superarnos y construir el futuro que queremos.

Podemos empezar por preguntarnos ¿qué quiero cambiar o mejorar?. Hay otras maneras de plantear esta pregunta: ¿qué me está faltando, o sobrando? ¿qué resultados estoy obteniendo en un determinado ámbito?.

A continuación un paso importante, si bien es cierto que puede haber unas circunstancias dadas, de algún modo hemos contribuido a crear esta situación que queremos cambiar o mejorar, estos resultados. La pregunta es ¿qué he hecho o qué he dejado de hacer para que esto sea así?

Este es un momento decisivo, se ha creado una conversación, un diálogo en tu interior y este puede quedarse anclado en el problema u orientarse hacia la solución. ¿Cómo avanzar hacia la solución? Einstein dijo: “si pretendes resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Luego la pregunta es ¿qué puedo hacer diferente o que no haya hecho antes? El ser humano tiene dos capacidades que le permiten cambiar las cosas, Aprendizaje e Innovación. Ahora que tienes una idea de lo que puedes hacer diferente o nuevo puede pasar que sientas una enorme energía que te ayude a poner en marcha estas ideas o que una misteriosa fuerza te mantenga atrapado/a, te impida poner en práctica estas ideas, te lleve a hacer lo de siempre, y claro, obtener lo de siempre. Entonces como dijo el propio Confucio “si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, estás peor que antes”. Esto no es del todo cierto, si es cierto que genera una sensación agridulce y/o cierta frustración pero los pasos que hemos dado nos permitirán continuar avanzando. Precisamente en esto consiste el coaching, en aprender cómo desbloquear esta situación. Para ello nos será muy útil tomar conciencia de las emociones que están inhibiendo las acciones que quiero poner en marcha o provocando las acciones que quiero dejar atrás ¿qué sientes en relación a esas acciones?. Para poder cambiar estas emociones demos un paso más y preguntémonos ¿qué ideas y pensamientos están produciendo estas emociones? Son ideas y pensamientos que obviamente no te están sirviendo, motivo suficiente para cuestionárselos ¿estás dispuesto/a a hacerlo? ¿qué otros pensamientos podrían sustituir a los anteriores e impulsarte? Construye una nueva perspectiva, genera así nuevas emociones que impulsen las acciones que te permitirán superarte, construir un nuevo futuro.

 

Es muy incómodo sentir que no avanzamos, que nos quedamos atrapados en el tiempo, puede convertirse en una pesadilla como la que vive el personaje de Bill Murray, espero que estas pistas, estas preguntas, te sirvan para aprender de tu pasado, superarte, construir el futuro que deseas y alcanzar la satisfacción.

Javier Ursua Bayona

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noviembre 8th, 2013

permítame incomodarle

Artículo publicado en la revista de AEDIPE Catalunya (Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas), número 32, septiembre 2013, página 21.

Quisiera aprovechar estas líneas para sugerir un objetivo en el ámbito del gran reto que supone el desarrollo del coaching, reto que compartimos los coaches y todos los profesionales implicados en el desarrollo de personas.

Esto no significa que podamos dar por cumplidos objetivos en los que hemos estado trabajando, por ejemplo:

Seguiremos trabajando para dar a conocer el coaching, pues por sorprendente que nos parezca a los que nos toca de cerca, aun hay muchísimas personas que no tienen ni una idea aproximada de lo que es y entre los que sí tienen una idea de qué es coaching, ésta es en la mayoría de los casos aproximada, una vaga idea.

También seguiremos trabajando para situar el coaching como un medio útil, eficaz y eficiente  para lograr el desarrollo de las personas, una disciplina, un conjunto de herramientas, como le queramos llamar, pero siempre orientado a la acción y a los resultados, que produce una transformación evidente.

 

En este gran reto que supone el desarrollo del coaching seguiremos trabajando por estos objetivos y me voy a permitir señalar uno más, creo que es necesario generar o fomentar una cultura del desarrollo continuo, una cultura en la que las personas siempre estén dispuestas a crecer, cambiar, recibir feedback, romper patrones, actuar de modo diferente, ser desafiados, aprender y desaprender, comprometerse con su propio desarrollo.

Trataré de ilustrar esta necesidad con ejemplos, casos reales que encontramos con demasiada facilidad. Afortunadamente para los que vivimos del coaching hemos avanzado mucho en los dos primeros objetivos referidos con anterioridad, muchas organizaciones y sus profesionales del ámbito del desarrollo de personas no sólo conocen muy bien el coaching sino que además creen profundamente en su utilidad y en sus posibilidades, sin embargo encontramos un nuevo desafío, la voluntad de algunas personas para trabajar por su propio desarrollo. Algunos ejemplos:

 

1.- El Director del departamento, que como la mayoría en estos tiempos atraviesa dificultades, decide invertir en el desarrollo de los miembros de su equipo y decide hacerlo a través de procesos de coaching, procesos cuyo objetivo marcarán los propios participantes, los coachees. La mayoría lo interpreta como una oportunidad, un premio, lo aprovecha y logra cambiar algunos aspectos que suponen una mejora significativa en sus resultados y en su bienestar. Sin embargo nos encontramos también con el tipo que trata de escaquearse o “pasar de puntillas” por el proceso, algo totalmente imposible ya que podemos fingir escuchar en un seminario pero no podemos fingir nuestro compromiso en un proceso de coaching, antes o después los resultados hablan por sí mismos. No me extenderé explicando como se resuelve este caso, simplemente quiero llamar la atención sobre el hecho: se conoce el coaching, se cree en él y se dispone de los recursos pero falta lo más importante, la voluntad de cambiar o mejorar del “interesado”, el coachee.

 

2.- En otro caso el Director nos contrata para aplicar a su equipo una herramienta para el desarrollo que entre otras cosas facilita el auto-conocimiento. Aplicamos un cuestionario y en una sesión individual entregamos un informe que interpretamos conjuntamente. A través del informe surgen algunas áreas de mejora, sugerencias para el desarrollo, etc. Uno de los participantes me transmitió que prefería no trabajarse esos aspectos en aquel momento. Tiempo atrás había tenido un proceso de coaching con uno de mis socios por iniciativa propia, el proceso de coaching le sirvió para solucionar una situación y ahora que estaba bien no quería “remover”. Es un caso distinto al anterior, se trata de una persona con interés en su desarrollo y experiencia de primera mano en las posibilidades del coaching, ¿qué sucede?. En mi opinión tiene que ver con algo de lo que hablaré a continuación y que está relacionado con la incomodidad asociada al desarrollo. Pero antes un último ejemplo.

 

3.- Varios de nuestros clientes, organizaciones que conocen el coaching, creen en él, y de hecho lo ponen en práctica habitualmente, utilizan herramientas de feedback 360º para sus directivos y mandos intermedios. Las organizaciones acostumbran a ofrecer a los participantes la posibilidad de trabajar con un coach para implementar un plan de acción a partir de sus resultados en el feedback 360º, es voluntario, una buena parte lo aprovecha, quizá la mayoría, pero sigue habiendo una parte que no lo hace ¿qué sucede?. Veámoslo, tengo una teoría sobre la causa e incluso una propuesta para la solución.

 

En el ámbito del desarrollo de personas solemos decir que éste se encuentra fuera de la “zona de confort”, es decir que consiste en hacer o dejar de hacer algo de forma que nos sentimos incómodos. Ya lo decía Einstein, si pretendes resultados distintos no hagas siempre lo mismo. Nuestro desarrollo pasa por cambiar, por hacer algo nuevo o diferente, y esto a menudo nos hace sentir incómodos. Además en coaching para que podamos actuar de modo diferente entendemos que a menudo es necesario sentirse de forma diferente, lo que  nos lleva a poner atención en las emociones y esto por sí solo ya suele ser incómodo para muchas personas. Por si fuese poco, para sentir de forma diferente será necesario pensar de forma diferente y en última instancia observar la realidad de forma diferente. Para lograr esto el coach podría desafiar nuestra cultura, valores, creencias, intereses, necesidades, suposiciones, etc. Y efectivamente, esto también puede resultar incómodo.

 

Es cierto que algunas importantes competencias del coach consisten en acompañar, “empoderar” o “sostener” a su cliente pero esto no le libra totalmente de “sufrir” cierta incomodidad. De hecho incomodar también forma parte, por definición, del trabajo del coach y lo hace de formas diversas. El coach acostumbra a hacer “incómodas preguntas” como aquellas que nos sitúan como responsables de lo que nos ocurre “¿de qué manera contribuyes a que esto sea así?”, o aquellas que nos invitan a actuar “¿qué vas a hacer con esto?”, o las que nos obligan a seguir esforzándonos “¿y qué más?”.

 

En ocasiones el coach guarda “incómodos silencios”, esos que nos dicen que “no nos compra la historia” o que nos desafían para ir más allá.

 

A veces el coach nos ofrece feedback o nos invita a pedirlo a nuestro alrededor, esto nos ayuda a “mirarnos en el espejo” y no siempre nos gusta lo que vemos. Ah, esto también incomoda.

 

A través de éstas y otras herramientas en un proceso de coaching algo seguro es que tomaremos conciencia de algunas cuestiones que antes nos pasaban inadvertidas y definitivamente esto resulta incómodo. Tal como señalaba el escritor Pío Baroja existe una relación entre la ignorancia y la felicidad. Por eso a veces preferimos vivir en la ignorancia, no saber, no ser conscientes. No fue el único en relacionar estos términos, “la felicidad está en la ignorancia” según el filósofo Giacomo Leopardi.

A los coaches nos gusta la pregunta ¿para qué?, apliquémosla a los casos antes descritos, en lugar de preguntarnos por qué esas personas no quieren un proceso, unas sesiones o una sesión de coaching, preguntémonos para qué no lo quieren. Eluden su desarrollo en general y/o el coaching en particular para evitar la incomodidad. Incomodidad que supone sentirme responsable de lo que me pasa, la necesidad de cambiar, de actuar de modo diferente, de prestar atención a mis emociones, desafiar mi forma de pensar, mirarme al espejo y tomar conciencia de determinadas cuestiones.

 

Efectivamente sucede que en ocasiones la conciencia incomoda y sin embargo la conciencia da poder. “Puedo controlar aquello de lo que soy consciente, aquello de lo que no soy consciente me controla a mí. La conciencia me da poder”, en palabras del coach John Whitmore.

 

No olvidemos lo más importante, finalmente todas estas circunstancias que al principio resultan incómodas poco a poco dejan de serlo, las aceptamos, las trabajamos y empezamos a sentirnos cómodos con ellas. Cuando esto sucede hemos ampliado nuestra zona de confort -hemos crecido, nos hemos desarrollado- aunque claro, primero hemos tenido que decidir dar el paso y salir de ella.

 

Para tener esto presente y recordar que todo esto merece la pena en mi opinión es necesario desarrollar la cultura del desarrollo continuo, una cultura en la que se vea el desarrollo no como un destino sino como un camino, una cultura con espacio para la humildad y la vulnerabilidad necesarias para querer seguir mejorando siempre. Una cultura que permite en el medio o largo plazo acostumbrarse y aprender algo paradójico, aprender a “sentirme cómodo/a con mi incomodidad”.

 

Acabo con una petición, en nombre también de mis socios y colegas de profesión: ¡Permítame incomodarle!

 

Javier Ursua Bayona

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octubre 20th, 2013

Progreso continuo en 4 pasos, ¡sé más fuerte que las circunstancias!

Durante la última semana he estado inmerso en la lectura de diferentes libros, he visto diferentes vídeos y he escuchado algunos programas en audio, todos relacionados con lo que me apasiona, el desarrollo de las personas. Y ésta mañana atando varios de los temas que más me han gustado, se me ocurrieron algunas citas y preguntas que resumen, a mi modo de ver, algunos aspectos básicos y necesarios para la superación y desarrollo personal continuos. Los comparto con vosotros.

DEFINE LO QUE QUIERES, no lo que no quieres.

¿Sabes con claridad lo que quieres? es más habitual tener claro lo que no quieres y no saber con exactitud que es lo que de verdad quieres. Si no sabes a dónde vas cualquier camino es bueno, eso sí, tu destino será totalmente aleatorio. Sabiendo lo que quieres los resultados no dejan de ser inesperados, pero sabes en todo momento si vas por buen camino o si necesitas rectificar el rumbo y a largo plazo estarás mucho más cerca de tus objetivos que no sin saber lo que buscabas desde un principio.

CREENCIAS Y ACCIÓN

“TANTO SI CREES QUE PUEDES COMO SI NO, TIENES RAZÓN” Henry Ford

Algunas veces “compramos” limitaciones psicológicas y no somos conscientes de cuanto nos afectan. Es cierto que actualmente la situación es difícil, que no se puede hacer nada, que hay crisis! Y también es cierto que es una época de oportunidades, que es momento de innovar, de dar un paso al frente y que se puede, que hay ejemplos de personas y empresas que lo están haciendo. La cuestión es, ¿cuál de estas dos creencias te beneficia más para alcanzar el objetivo que buscas? Intenta realmente experimentar el tipo de acciones que estas dispuesto a realizar con una creencia y con la otra. Creencias que limitan tu actuación no te llevaran lejos, creencias que la potencian te llevarán a lo que buscas.  Y actúa! El conocimiento sin acción no vale nada.

SÉ FLEXIBLE

¿ RECUERDAS CÓMO APRENDISTE A CAMINAR?

Lo intentabas y caías una y otra vez, pero cada vez te levantabas mejor, persistiendo y mejorando cada vez hasta que lo conseguiste… te suena?  Y piensa si no es con esta fórmula que has conseguido otras cosas en tu vida. Muy posiblemente ni hayas sido consciente de ello. Piensa en una ocasión en la que conseguiste un objetivo que buscabas y reflexiona sobre el método que seguiste para conseguirlo. Acción, adaptación, persistencia,… vuelve a hacerlo, a partir de ahora de forma consciente y continua.

PREMIA TUS CONDUCTAS- ENSEÑA A TU CEREBRO EL CAMINO…

Cuando hagas algo que sabes que te acerca a tu objetivo, celébralo!  Esa sensación de logro, por pequeña que ésta sea, irá condicionando tu conducta para buscar más de lo mismo. Nuestro cerebro esta programado para buscar fuentes de placer y evitar las fuentes de “dolor” en todo lo que hacemos. Al celebrar lo que de forma consciente sabes que te acerca a tus objetivos tu subconsciente empieza a distinguirlo y empezará a colaborar con tu parte más consciente para conseguir lo que de verdad quieres.

Así es que, define tus objetivos, revisa tus creencias limitantes y sustitúyelas por unas potenciadoras y actúa,  acepta el cambio como parte del juego y adapta tu mentalidad y conducta a las nuevas circunstancias. Piensa que ya tienes los recursos necesarios para actuar, adaptarte y persistir… como cuando empezaste a caminar y por último celebra tus éxitos y disfruta del camino.

“la felicidad no es un destino, es un camino”

Mauro Delgado

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octubre 1st, 2013

lo que falta y lo que sobra

A veces nos encontramos mal y no sabemos por qué, si te preguntan ¿qué te pasa? respondes que nada y aunque tu interlocutor no lo cree, no estás mintiendo. No obstante, eso no significa que realmente no te pasa nada sino que no eres consciente de que algo te está afectando o no sabes qué es lo que te está afectando. Parece complicado, pero no lo es, la cuestión es que no son sólo las grandes cuestiones, los grandes dilemas o problemas los que nos perturban, una cierta cantidad de pequeñas circunstancias en conjunto también pueden sacarnos de nuestro centro, desestabilizarnos y causar ese malestar, esa insatisfacción a la que no encontramos explicación porque estamos buscando una gran causa y en realidad debemos buscar muchas pequeñas causas.

Hace poco tiempo he experimentado una de estas situaciones y, lo que llaman “defecto profesional” me llevó a hacerme preguntas. Algunas de estas preguntas me sirvieron más y otras menos pero finalmente acabé haciendo un ejercicio que funcionó muy bien y quisiera compartir. Para mi, su grandeza reside en su sencillez.

Atravesaba uno de esos momentos caracterizados por cierta pereza, apatía, insatisfacción, frustración, irritabilidad, desasosiego, etc. Y digo “cierta” porque son emociones que aparecen en una intensidad leve y de forma intermitente. Si eres una persona más bien expresiva, como yo, las personas a tu alrededor perciben algo y preguntan ¿qué te pasa?, mi respuesta fue “nada” y no pretendía ocultar la causa de mi malestar, es que la desconocía, repasando las áreas clave de mi vida no encontraba nada que estuviese mal. Entonces descubrí que no era en las áreas clave de mi vida donde debía buscar sino en pequeñas cosas. Así pensé en hacer una lista de todo lo que me había molestado, incomodado, enfadado… en los últimos días o las últimas semanas. Se me ocurrieron muchas cosas. Pronto me di cuenta de la existencia de dos categorías para ser más exactos:

-       Lo que hay y no me gusta, no lo quiero, me molesta…, es decir, lo que sobra.

-       Lo que me gustaría, quiero, necesito… y no hay, es decir, lo que falta.

Coge una hoja de papel y escribe en una columna a la izquierda lo que sobra y lo que falta en tu vida en los últimos días (semanas o meses) después, en una nueva columna a la derecha de la primera escribe qué es lo que vas a hacer para solucionarlo. No solo habrás descubierto lo que te pasa – que ya te hace sentir mejor – sino que ya tendrás una idea de cómo solucionarlo, habrás creado posibilidades y con ellas el camino de vuelta a la satisfacción y el bienestar. Empieza a actuar y ya no serás víctima de lo que te pasa sino el actor principal. Finalmente volverás a sentirte bien, satisfecho/a, entonces no olvides que este estado no es el destino, forma parte del camino, un camino en el que volverás a perderte, eso sí, ahora ya sabes la forma de recuperar el rumbo. ¡Buen viaje!

 

Javier Ursua Bayona

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